-No.No opino lo mismo- respondió ella-, la excusa la ponemos
cuando es amor platónico.Decimos que es un amor platónico, que son amores imposibles,
por no tener la valentía de luchar por ese amor, eso sí es una excusa.Decir que
es un amor imposible, por no ser capaz si quiera de luchar por él, por ser unos
cobardes.
Él, meditó sobre lo que la chica había respondido; se
internaron en una conversación, que puestos a ponerle un adjetivo, fue:
intensa.
Pasaron las horas, una y otra, y otra; y no paraban de
hablar, debatieron de todos lo temas posibles sobre el amor, la soledad, los
sueños, incluso de la vida: asumiendo que todo se basa en un caos, de unas
vidas chocando con otras en este inmenso mundo.Que al intentar serlo todo,
quedamos en nada; y que ahora que se habían conocido quién podría avisarles,
decirles que no, que parasen, que siga cada uno su camino.Quién podría evitarles el desastre.Ahora
que las horas transcurrían como segundos a contrarreloj, quién iba a avisarles de
que no siguieran, que estaban llegando uno, muy adentro del otro, quién les
avisaría.Pero así trataba la vida, de un caos, chocando unas con otras y justo
en aquel día, y en aquel instante él salió a correr más tarde de lo habitual; y que en aquella tarde, ella había perdido rumbo por aquel lugar desconocido, muy
lejos de donde se situaba su vida, pero allí estaban, justo en aquel día y
aquella tarde, para ambos, encontrarse.Y por el trascurso de las horas, empezaba a anochecer, se hacía tarde.Ella tenía que marcharse, muy a su pesar, tenía que
seguir con su vida, que estaba muy lejos de allí.
Empezaba a caer la noche, y ella tenía que partir, ambos
tenían que continuar por sus respectivos caminos, desgraciadamente.Ambos se
despidieron con un abrazo inmenso e interminable.
Pasaron los días, y él como cada Lunes iba a correr por
aquella avenida, y siempre paraba en aquel árbol, y se recuperaba en aquel
banco.Siempre pasaba largos minutos sentado en aquel banco, reflexionando sobre
aquella única tarde, y sobre aquella chica tan “especial”, deseando verla allí de nuevo y pedirle que no se fuese nunca, que mantuviese en su vida.
La chica continuó su
vida, que estaba muy lejos de allí.Pero de aquel chico, de aquel Lunes, y de
aquella tarde tan inolvidable, pero quizás por miedo, quizás por duda, no volvió a perderse tan lejos, no volvió a aquel lugar.Ya jamás volverían a
verse.
Y quién iba a avisarles de todo aquello.Quién les iba a
decir que una tarde cualquiera, y en tan solo un día conocerían a: su amor a
primera vista.Quién les avisaría de que su amor a primera vista, sería de una tarde, tan solo eso, una tarde.Y el problema es que, buscar es cosa de uno, pero encontrar es
cosa de dos.
Fin.