Algo aquí, nada allá; todo en ninguna parte, nada en todos lados; y así nace incongruencia de dichos y pensamientos inventados por una humanidad afanada en apurar que no se arrugue su ombligo y, sin embargo, llenarlo de la ambición más putrefacta del desamor propio, vaciando la esperanza de un tal vez, pegando un trago y otro, y quizá otro más, hasta vomitar bilis de soledad con su sombra en la esquina de la calle sujetada con farolas.
Original o absurdo, nada tiene sentido en las palabras que escribo, ni en tus letras, ni en tus pensamientos o los míos, o los de él; ni saber lo que se sabe por saber lo que no se sabe, ni envejecer. No, no lo tiene, tampoco verte, ni tus arrugas, ni tus canas; por supuesto que no lo tiene, porque aún tus ojos brillan y tu pelo me escandila. Pero que sabré yo de nadie o de nada, sólo escribo.