Vive en la superficie de sí misma, aislada del mundo exterior.Con miedo, fría y calculadora.Políticamente incorrecta, agotada de sentimientos protocolarios.Cansada de recorrerse el vacío infinito.Empezaba a adentrarse en su interior: buscaba desconocerse, cerraba sus ojos color café.
Un corazón de hierro, que a medida del tiempo, se fue oxidando por las penas.Apenas sonreía, la melancolía dominaba su vida.Decepción era la definición de días y días, sin más distracción que soñar despierta, buscaba un poco de orden entre tanto caos, entre un desorden sentimental, necesitaba al menos, una pizca de felicidad.
De pronto, el amor apareció, cuándo ya cansada de buscar motivos, se había autoconvencido de que su vida se había convertido en un ciclo.Apareció: un amor que estabilizó una vida caótica, y dió un desorden peculiar.
Empezó a navegar en su interior, buscó conocerse mejor, se adentró y encontró un mar de tranquilidad; la tormenta ya había calmado, y si la había, ya no la hundía, porque tenía el amor, que por fin, la correspondía.
Ésta historia no es más real que una persona, ni menos ficticia que la vida en Marte.
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