Una noche de inquietudes, otra noche de delirios, otra noche pensamientos en bucle y así continúan una tras otra sin encontrar el sueño tranquilizador que busco desde hace mucho. Veo a la guitarra llamarme por su nombre y acudo a ella, la hago gemir y escucho las notas que denotan en mis dedos, agonizando mis yemas. Y vuelvo al lápiz y papel, y me pierdo en la mirada fija del cuadro que me observa, y veo un universo dentro de sus ojos, caótico y sin sentido, observo; sociedades dominadas con marketing y capitalismo absurdo donde se matan por la avaricia y el poder, también veo como llueven cenizas y la naturaleza llora ante el suplicio egoísta al que la humanidad ha desembocado su fin, destruyéndola. Joder, que pensamientos más absurdos, algo así sería inimaginable, ¿no?; ya no sé ni en que pienso, quizá el hada que tengo a mi derecha son alucinaciones mías y he matado a mi perro en vano, podría no haberle hecho caso.
Despierto, el reloj marcan las 14 horas y miro a mi alrededor, otra vez ha vuelto a pasar, la habitación está ordenada, nada está como lo dejé, la sombra que persiguen mis sueños han vuelto a hacerlo, qué desastre, no puedo ver todo esto así, tengo que colocarlo bien. Quizá debería salir de aquí, quizá; pero tengo miedo de que esos zombies de ahí fuera vengan a robarme esta cabeza donde guardo mi locura más preciada.
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