Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.

Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.
Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.

martes, 4 de octubre de 2016

Sin sentido*!

Ando buscando la silueta de tu cadáver por las sombras de mi incertidumbre,  coleccionando los recuerdos que saben a la dulce nostalgia, cómo el café oscuro sin azúcar que nos tomábamos las mañanas de otoño; como ese beso de despedida el pasado invierno en la estación de tren, sin siquiera saberlo; como las notas de tu desamor guardadas en el cajón del pasado, que he dejado entreabierto.


Llegará el día en el que puedas arrancarte las costras de las heridas, pero seré yo quién se quede con las marcas, asimilando que las esquinas de tu mente me han llevado al círculo de tu pasado despertando todos mis demonios; ha llegado el día en el que has callado a todos los poetas, en el que es imposible aprender, porque ha sido mejor fracasar contigo que acertar con cualquiera, y han pasado los días, los días y los días en los que pones más explicaciones de las que caben. 

Y qué sabré yo al hablar de desamor, qué sabré de ti, o de tu piel, incluso de tus labios, si todo lo que escribo antes del bésame no tiene sentido.

Bésame.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Tu sabor amargo*!

El portal de mis recuerdos está averiado, los sentimientos se nublan y tan sólo dejan un resquicio para la música; el hielo del invierno se mantiene en un verano que arde de inútiles propósitos, con el objeto de conseguir vanamente lo único que sigue alimentando al pobre aquel, con el alma encogida. Sigue soñando con volver a su mullido pasado.

Se derrumban las paredes de la integridad, aplastando la presencia emocional estable, volviendo al pasado, leyendo viejas cartas, rememorando momentos. Las calles ya no están mudas, hablan de ti, me cuentan tus historias, me enseñan las sombras de tu interior, las farolas mantienen el brillo de tus ojos cuando despertabas y los árboles revolotean con el viento, ése que te enredaba el pelo; me duermo para no recordar el presente.


Se recomponen las nubes pintadas en mis ojos con el cielo, respirando la humedad del césped que asimila  tu piel del pasado verano; las farolas se han apagado, ha salido el sol. Las calles sólo escuchan mis auriculares a todo volumen, camino por el parque del presente sintiendo el ardor de la primavera en mi espalda, pero anochecerá, y las farolas te despertarán; entonces, el viento te despeinará y las calles me hablarán de ti y de la melancolía

sábado, 26 de marzo de 2016

Podredumbre*!

El frío suelo de las calles arden de soledad mientras las noches de insomnio me mantienen con los pies en el techo, buscando el suspiro del calor ausente. Las heridas no cicatrizan y la piel seca va pudriendo el interior del alma para volverla  a enfriar;  nunca debió haberse despertado, nunca debió descongelarse para apostar hacia la nada y perderse en la inmensidad de la podredumbre.  Ahora yace sola,  en desconsuelo del frío más hierro del invierno, queriendo volver  ser fría y dejar de existir, pero la han cambiado, la han roto, la han llenado de recuerdos que saben a nostalgia, la han llenado del calor que se huele en las noches de verano con la humedad del sexo en las paredes; la han vaciado de todo lo que era, y la han abandonado como un trapo sucio, no tiene más opción que dormir, esperando que la vuelvan a alterar.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Trastorno de media noche*!

Desembocan de mis dedos un odio inminente, un sentimiento impuro desde los abismos que roza la esquizofrenia,  en auge mi camiseta de fuerza me hace contar las paredes blancas de mi habitación que se retuercen en  mis párpados, una incesante historia que yace de una tormenta, un diluvio; inundaciones de pensamientos incoherentes, destruyéndome, dando paso  a la imaginación incongruente,  avanzo resquebrajando el borde de la cordura, donde las dudas duermen con la circunferencia  ecuánime de mi conciencia.

Pieles incoloras sudando con poros erizados,  cuentan la historia de una tragedia: la permanente catástrofe  del desangramiento de las almas afligidas,  iluminadas por la oscuridad en campos de concentración, gota a gota, día a día; se pierde la esperanza de colorar sus desteñidas pieles con tono café, van aludiendo a la costumbre con los poros empinados por la gélida daga que recorre suavemente centímetros de piel. Mientras, el hueso opone resistencia a la imaginación y no deja más opción a la daga, que atravesar forzosamente hasta crujir, sentir traspasada el alma y observar como las pupilas enormes se tuercen hacia sí, para mirar en su interior, y dormir plácidamente con la esquizofrenia del odio; rodeado de paredes oscuras, abrazado por la camisa de fuerza que hizo débil a cualquier impostor. Inundando los pensamientos suicidas, del placer que evoca sentir la muerte de cerca, y ser el loco social al que todos señalan de enfermo; cuando son ellos, ellos los que  apestan a ignorancia y ambición putrefacta. Pero que sabré yo, sólo soy un loco en una habitación rodeada de paredes, con la camisa de fuerza oprimiendo su cordura, repitiendo una y otra vez: os lo advertí.