Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.

Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.
Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.

lunes, 29 de junio de 2015

Remátame*!

Quiero absorberte, cómo buscando la oscuridad del bosque perdido en las tinieblas de mis sueños, quiero evadir los árboles de las dudas y sembrar pensamientos fértiles que me lleven a un lugar menos lejos de la muerte. Escuchar tus palpitos alborotados de un pecho vacío del calor que se ausenta de mis caricias, explorar la mirada que me busca en los susurros de la noche ignota; quiero tocar cada pensamiento de tu corazón inapelable, absorber tu mente: frente a frente.


Invádeme, tócame con tus dedos insalvables de la muerte, frío escozor de tus lágrimas que me aterran al asomar desde el horizonte, mientras viajo en horizontal al ecuador de tu mirada: brillo eterno de tus pupilas, convirtiendo así en pupilo al observante. Evádeme: suicido de mis silencios cuando siento incandescente tu piel contra la mía, produciendo el intenso bombeo de adrenalina por mis pálpitos acelerados. Asfixia mi ímpetu por el caos, grítame al oído y susúrrame de lejos, cuánto odio sientes dentro de mí, sácame la displicencia que aprieta mi garganta, deshazte de mis nervios azules, odia tanto como yo, a mi odio; mátame para así poder empezar a vivir...

jueves, 18 de junio de 2015

La cuerda insostenible*!

Apaciguado por la noche, se calmaba su mirada inquieta, que le impedía ver con la claridad abrumadora del día. Buscaba un pequeño y resquebrajado olor a tranquilidad que no veía desde hacía mucho tiempo, pues la mente le llevaba por caminos intransitables, calles sin salidas y una locura tan cuerda como la que sostenía su cuello, cuando intentaba ahorcarse; ahorcar unos problemas incesantes que flotaban en el vaso de whisky con soda, dónde el trago amargo no quemaba lo suficiente el interior de un bosque inundado de malas hierbas y lobos salvajes peleando su pequeño y hostil territorio. Un lugar inerte de un sentimiento fértil.


Buscando la oscuridad, no veía el olor en la que su habitación se sumergía; andaba a tientas entre las sábanas olvidando el descanso y maldiciendo a la almohada por haberle hecho tantas promesas que siempre terminaban en sueños, pero el alcohol hacía olvidar lo que con ella hablaba y siempre despertaba en otro sueño discordante y distraído. Como quién despierta y ama, como quién despierta y odia, como quién despierta y ha encontrado el motivo. Como una persona en el tablero que ha aprendido a tomar su posición en él, planear una táctica y atacar, sin más semántica que el hedor putrefacto de la agonía.