Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.

Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.
Escribo tal y como soy, me lees tal y como fui.

martes, 20 de octubre de 2015

Dormid*!

En las profundidades de su intrínseca piel se hallaba un fondo de oscuridad bajo el manto de sangre, un mal incorruptible como los sueños de un asesino, durmiendo plácidamente mientras guarda los restos de sus víctimas, en sus tripas. Desvaríos  inmorales que llevan a la desigualdad mental con la pobre y desubicada humanidad,rompiendo los frascos de la pestilente educación afligida a sus seres.

Mantos de ignorancia inundan la tierra que nos abastece las mentes corruptas, rotas e injuriosas; melodías oscuras yacen de los oídos oprimidos, liberando la incandescente luz que brilla en los ojos del cadáver colgado de la pared: nunca antes esos ojos brillaron tanto. Nunca antes la vida fue tan inútil; jamás hubo un sistema que enervaran los corazones de este odio abrumado por las idas y venidas morales. Y la paranoia se apodera de tus conexiones mentales, te mueves con sigilo entre la sociedad, vives con recelo. Jamás antes poseímos tantos conocimientos para conseguir ser tan ignorantes. Jamás; y siempre seremos la víctima que se deshace en las tripas del asesino, en el, ¿sueño?. Quizás vosotros podréis dormir tranquilos por las noches sabiendo lo que sé. Ese asesino, no.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Intransigente social*

Desgañitado en su incertidumbre de gritos insonoros de la claridad que cubría el manto de una neblina oscura, apaciguado bajo la mirada inerte de un gélido goteo incesante; no se hallaba a sí mismo más que en un leve tacto, un suave cosquilleo de sus dedos sudorosos, intentando perder la cordura que le mantenía más loco que nunca, procurando perder el sentido de las letras, las comas, los punto y símbolos inservibles de su conocimiento inútil.

En un orden paramétrico de versos y líneas, contaba números, desordenaba letras, buscaba la condescendencia para alejarse de sí mismo, jugaba a entretenidos laberintos con la sociedad, descifrando sus enigmas; etiquetaba comportamientos propios, cómo algo ilegible, innato, inhumano. Configuraba los actos endemoniados de un alma que a pesar de saber su propia inexistencia, estaba programada para condenar su mente. Una tortura propia tramada para sí mismo, por un fallo de comportamiento inaceptable; estaba en discordancia en sociedad, desprogramado: un fallo del sistema.


**Corregir errores para próximas versiones**

miércoles, 12 de agosto de 2015

Incongruente*!

Ojalá pudiera ver rejuvenecer esas arrugas que aún son jóvenes y no asoman a la vista, ojalá pudiera ver cómo desaparecen esas canas que de tu pelo todavía se esconden, Ojalá la cama levite con sus muelles y látex hundido en el tiempo que nos quedó ya atrás, y volar en sueños de juventud extasiadora, y reír cómo cuervos con la muerte, y llorar cómo anciano en su desdicha.

Algo aquí, nada allá; todo en ninguna parte, nada en todos lados; y así nace incongruencia de dichos y pensamientos inventados por una humanidad afanada en apurar que no se arrugue su ombligo y, sin embargo, llenarlo de la ambición más putrefacta del desamor propio, vaciando la esperanza de un tal vez, pegando un trago y otro, y quizá otro más, hasta vomitar bilis de soledad con su sombra en la esquina de la calle sujetada con farolas.

Original o absurdo, nada tiene sentido en las palabras que escribo, ni en tus letras, ni en tus pensamientos o los míos, o los de él;  ni saber lo que se sabe por saber lo que no se sabe, ni envejecer. No, no lo tiene, tampoco verte, ni tus arrugas, ni tus canas; por supuesto que no lo tiene, porque aún tus ojos brillan y tu pelo me escandila. Pero que sabré yo de nadie o de nada, sólo escribo.

lunes, 29 de junio de 2015

Remátame*!

Quiero absorberte, cómo buscando la oscuridad del bosque perdido en las tinieblas de mis sueños, quiero evadir los árboles de las dudas y sembrar pensamientos fértiles que me lleven a un lugar menos lejos de la muerte. Escuchar tus palpitos alborotados de un pecho vacío del calor que se ausenta de mis caricias, explorar la mirada que me busca en los susurros de la noche ignota; quiero tocar cada pensamiento de tu corazón inapelable, absorber tu mente: frente a frente.


Invádeme, tócame con tus dedos insalvables de la muerte, frío escozor de tus lágrimas que me aterran al asomar desde el horizonte, mientras viajo en horizontal al ecuador de tu mirada: brillo eterno de tus pupilas, convirtiendo así en pupilo al observante. Evádeme: suicido de mis silencios cuando siento incandescente tu piel contra la mía, produciendo el intenso bombeo de adrenalina por mis pálpitos acelerados. Asfixia mi ímpetu por el caos, grítame al oído y susúrrame de lejos, cuánto odio sientes dentro de mí, sácame la displicencia que aprieta mi garganta, deshazte de mis nervios azules, odia tanto como yo, a mi odio; mátame para así poder empezar a vivir...

jueves, 18 de junio de 2015

La cuerda insostenible*!

Apaciguado por la noche, se calmaba su mirada inquieta, que le impedía ver con la claridad abrumadora del día. Buscaba un pequeño y resquebrajado olor a tranquilidad que no veía desde hacía mucho tiempo, pues la mente le llevaba por caminos intransitables, calles sin salidas y una locura tan cuerda como la que sostenía su cuello, cuando intentaba ahorcarse; ahorcar unos problemas incesantes que flotaban en el vaso de whisky con soda, dónde el trago amargo no quemaba lo suficiente el interior de un bosque inundado de malas hierbas y lobos salvajes peleando su pequeño y hostil territorio. Un lugar inerte de un sentimiento fértil.


Buscando la oscuridad, no veía el olor en la que su habitación se sumergía; andaba a tientas entre las sábanas olvidando el descanso y maldiciendo a la almohada por haberle hecho tantas promesas que siempre terminaban en sueños, pero el alcohol hacía olvidar lo que con ella hablaba y siempre despertaba en otro sueño discordante y distraído. Como quién despierta y ama, como quién despierta y odia, como quién despierta y ha encontrado el motivo. Como una persona en el tablero que ha aprendido a tomar su posición en él, planear una táctica y atacar, sin más semántica que el hedor putrefacto de la agonía.

viernes, 24 de abril de 2015

Incendio entre interiores*!

Tres pasos, dos huellas y una inmensidad de oscuridad bajo las capas sombrías de la niebla, andaba sin destino ni sentido alguno, pues yacía incesante, avanzando desesperado en buscar alguna salida de ese bosque tenebroso, adyacente de todo lo que pudiera pasar.

El bosque no era cruel, lo que era realmente tenebroso: es lo que habitada dentro de él. Nunca se podía entrar en él sin salir dolorido y putrefacto, con un olor a sudor, de angustia, de desesperación, todo lo que coexistía en él, caía en la nada, como un árbol de enormes ramas puntiagudas que te abrazan mientras te atraviesan lentamente la espalda, creando un sudor gélido recorriendo tu cuello. 


Nadie veía algún resquicio de lo que pasaba, simplemente en algún momento te encontrabas atrapado en él, sin saber como demonios has llegado hasta ahí; y caminas, desconcertado, paso lento y desconfiado hacia la oscuridad. Un  futuro que no se augura muy prometedor, una conciencia mortífera nos sigue los pasos, unos pasos que pesan y no cesan de manifestarse en tus pensamientos, unos pensamientos que obliga a cada milímetro de tu cuerpo a retorcerse mientras el cansancio intenta conciliar el sueño. Sin embargo, te rodea el silencio de la noche, sin saber qué hacer, a dónde divagar con esta cabeza excéntrica y demente, viajo en la nada, buscando un pequeño rayo de esperanza fuera de este bosque; o terminar perdido dentro de un bosque apacible y sombrío, sentado entre sus ramas, esperando agonizante a arder junto a él.

martes, 17 de febrero de 2015

Crea*!

Brotaban de sus ojos una lenta y espesa capa de sangre que fluía hacia sus pómulos inertes y gélidos, habitaban en sus párpados noches de delirios interminables y un incansable grito sordo yacía de su garganta sacando el odio putrefacto que vivía dentro de ella. Palpitaba cansado el corazón que tenía por piezas, recolectado de un rastrillo dónde perdió las ganas de escuchar; y usando el cuerpo como concepto de que seguía viva en un mundo que parecían realidades distorsionadas o distantes a la suyas, o cualquier otra cosa parecida a su concepto relativo de lo que consistía vivir.



Inmersa en la oscuridad de la noche contaba los arboles de esperanzas que tenía plantados en su imaginación y brotaba de él un insatisfactorio invierno, helado, trayendo la nieve de nuevo a sus pómulos, helando sus párpados y secando sus lágrimas ensangrentadas con la ira y la frustración de ser incapaz de salir de su bucle, ponerse la armadura y salir con la creatividad de un ave en pleno vuelo.


Vivía en sí misma sin habitar siquiera en ella, bajo un manto de capas intentando salvar lo insalvable metida en su caparazón observando como la realidad le dice que ella no está hecha para esto; y es entonces cuando se da cuenta que no puede seguir perdiendo las noches inmersa en la oscuridad; se inclina hacia su escritorio, coge papel y lápiz , borra el cuento y empieza de nuevo. Este cuento está inacabado.

domingo, 11 de enero de 2015

Locura*!

Es cuando entro en la habitación y encuentro todo ordenado, otra vez. Mi mente me juega malas pasadas o quizá sea el alcohol que mantengo en mis venas por las noches pero me inquieta. Todas las noches mi habitación es un caos demasiado ordenado dónde catalogo cada desastre en un lugar y maniáticamente lo dejo, donde mi mente lo posiciona; y es entonces, cuando empiezo a pensar que debería pegarme un tiro en la boca, hacer explosionar mi cabeza  y dejar salir a estos pensamientos, que vuelen libres que terminan desembocano en sombras, adiestradas para perseguir personas y aterrorizarlas en sus noches más frías y oscuras. Pero sé que estoy delirando y vuelvo a la botella, otro trago más de absenta y miro fijamente al lápiz y papel.

Una noche de inquietudes, otra noche de delirios, otra noche pensamientos en bucle y así continúan una tras otra sin encontrar el sueño tranquilizador que busco desde hace mucho. Veo a la guitarra llamarme por su nombre y acudo a ella, la hago gemir y escucho las notas que denotan en mis dedos, agonizando mis yemas. Y vuelvo al lápiz y papel, y me pierdo en la mirada fija del cuadro que me observa, y veo un universo dentro de sus ojos, caótico y sin sentido, observo; sociedades dominadas con marketing y capitalismo absurdo donde se matan por la avaricia y el poder, también veo como llueven cenizas y la naturaleza llora ante el suplicio egoísta al que la humanidad ha desembocado su fin, destruyéndola. Joder, que pensamientos más absurdos, algo así sería inimaginable, ¿no?; ya no sé ni en que pienso, quizá el hada que tengo a mi derecha son alucinaciones mías y he matado a mi perro en vano, podría no haberle hecho caso.


Despierto, el reloj marcan las 14 horas y miro a mi alrededor, otra vez ha vuelto a pasar, la habitación está ordenada, nada está como lo dejé, la sombra que persiguen mis sueños han vuelto a hacerlo, qué desastre, no puedo ver todo esto así, tengo que colocarlo bien. Quizá debería salir de aquí, quizá; pero tengo miedo de que esos zombies de ahí fuera vengan a robarme esta cabeza donde guardo mi locura más preciada.